|
DOMADOR DE VERSOS
Cada atardecer
saco por la ventana
una maceta
con un puñado
de palabras nuevas
las dejo toda la noche al sereno
para que el rocío
y la luz de la luna
las hagan florecer
a la mañana siguiente
no todas ellas florecen
pero a las que lo hacen
las tomo de la mano
me pongo en campaña
y con ellas
me monto en los versos
la bolsa o la vida
matar o morir
no los busco
pero tampoco forcejeo
para evitarlos
no los persigo
pero tampoco me resisto
a su bravura
entonces
de pronto
me siento como un domador
sin riendas
a pelo
me aferro a las crines
del ritmo
y atiendo a los dictados
de su fuerza salvaje
no para dominarlos
sino para conocerlos
no para conquistarlos
sino para comprenderlos
en un momento
el ruedo se puebla de voces
de fuego
de silencios
y ya no soy
sólo un domador de versos
me convierto
además
como por arte de magia
en un doble espía
doble agente secreto
al servicio
por igual
de la voz de la palabra
y de la voz del silencio
y a esas palabras
que florecieron
con el rocío de la noche
las voy engarzando
como si estuviera tejiendo
un encaje de bolillos
esas palabras
que vinieron
para remarcarme
las voces del silencio
para protegerme
de la monótona dictadura
del día ruidoso
me permiten cabalgar en el ruedo
con los ojos vendados
apretando fuertemente mis rodillas
al lomo de los versos
para no caer
sobre mi mesa de trabajo
|